Por Moisés Alcaraz Jiménez
En un escenario inédito para Guerrero las fuerzas políticas que se disputan la gubernatura están en franco reacomodo y aún se desconoce con certeza hasta dónde llegarán los equilibrios o la inclinación del fiel de la balanza hacia uno u otro sector de las dos fuerzas contendientes. En el PRD persisten inconformidades que saldrán a la luz pública en unos días más, y en el PRI no se sabe hasta dónde podrá llegar el éxodo hacia la casa de enfrente.
En el sol azteca todavía no se logra la estabilidad necesaria y aún no se sabe qué corrientes respaldarán con todo a la coalición que postula a Ángel Aguirre y qué sectores mantendrán hasta el final su descontento. La mayoría de tendencias políticas perredistas están con Aguirre, pero habrá que ver a nivel de bases hasta dónde llegará el apoyo al ex gobernador y hasta dónde se mantendrá la inconformidad.
De cualquier forma, se percibe desde ahora una fuerza superior de la coalición PRD-PT-Convergencia, en tanto en el PRI se batalla fuertemente por conservar la unidad y evitar el grave riesgo de la desbandada. La coalición espera aún el arribo del PAN, que seguramente se definirá a favor a nivel nacional, y del Panal, con quien las pláticas han avanzado al grado de que se dice que sólo se espera fijar la fecha para que ese partido se sume al proyecto de las fuerzas de izquierda
Panegiristas de la gran coalición hablan de una superioridad de ésta sobre el PRI en un porcentaje de ocho a uno. La ventaja no es tal, pero es indudable la supremacía de la alianza que conserva una tendencia a la alza.
El PRD todavía está por enfrentar una amenaza de fractura que reprresenta la eventual salida del llamado Polo de Izquierda, que como todos saben, siempre ha estado más cerca del PRI que del sol azteca. Se espera que en unos días más esta corriente anuncie su respaldo a Manuel Añorve Baños en un acto de estridencia mediática para lograr un mayor impacto publicitario.
Se insiste en que el PRD se está tardando en abrir las puertas para que ese grupo termine por irse al PRI, pues como en el propio partido se dice: esa secta les hace más daño adentro que afuera. La salida de ese grupo será de gran apoyo al PRI, que si aplica una correcta política mediática capitalizará con mayor éxito esa defección.
Por otra parte, la disputa entre la coalición y el PRI se está trasladando hacia los municipios, donde el importante capital político y de recursos que los ayuntamientos representan es peleado dúramente por ambos grupos de contendientes. No todos los alcaldes priistas están con Añorve, ni todos los ediles perredistas apoyan la alianza, de ahí que la lucha por atraerlos se ha intensificado.
Lo mismo ocurre en el ámbito del Congreso local, donde los diputados de uno y otro grupo aún no definen públicamente sus preferencias, aunque de antemano se sabe el establo al que pertenece cada uno de ellos. No obstante que su representatividad ciudadana puede ser nula, las fuerzas políticas disputan también fuertemente sus favores.
La moneda aún está en el aire y sería muy aventurado echar las campanas a vuelo. La unidad seguirá siendo el factor fundamental de triunfo y la pérdida de cohesión un anticipo de derrota.
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